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Maika Makovski

Maika Makovski-25 Carles Mercader (c)

Maika Makovski-04 (c) Carles Mercader

Maika Makovski Carles Mercader (c)

Maika Makovski.02 (c) Carles Mercader

Maika Makovski Carles Mercader (c)

BREVE HISTORIA DEL PUNK

BREVE HISTORIA DEL PUNK


Preso del talego de los Estates

Un punk es una escoria que se deja

Dar por el culo sin proferir queja,

Agarrado a sus barrotes y a los embates.

Étimos, situacionistas debates,

A mayúscula, bandera bermeja,

Sado y cruz gamada en la madeja

confusa de proletarios vates.

Rabia, vacío y ruido hecho arte.

Moda : trapos también de McLaren.

Muñecas de colorido pelamen

Rastros de carmín a ninguna parte.

Niños pálidos enganchados al junk

Y a la muerte airada. Larga vida al punk.

(c) Carles Mercader

Ultramort

Ultramort


Una casa desierta que yo amo,

a dos horas de aquí,

me sirve de consuelo.

En sus tejas roídas por la hierba

la luna se extenúa,

se duerme el sol del tiempo.

Entre sus muros el silencio existe

que ahora yo imagino

—soñando con vivir

una segunda infancia prolongada

hasta el agotamiento

de ser carnal, feliz.

Me asomé callado a ver el día,

contento de estar solo

con la vida bastante.

Encontrar en la cama otro cuerpo,

no más que algunas noches,

será como bañarme.

(c) Jaime Gil de Biedma

Euráfrica, Los duros de Marsella

Matti era un tipo singular pero respondía a todos los tópicos que tenemos de un marsellés. Mujeriego, ladrón y bebedor.

Cuando lo conocí llevaba varios años sobreviviendo en Barcelona, había superado su adicción a la heroína ( aunque no descartaba algún que otro homenaje ) y ya lucía un cuerpo lleno de tatuajes.

Era un duro de Marsella con el corazón hecho trizas y un pasado de marinero que le gustaba recordar.

Explicaba que fue bautizado de nuevo en un mercante finlandés, en realidad se llamaba Pascal , y que allí  descubrió su pasión por el tango y  por la voz nórdica de Reijo Taipale.

Era un seductor que se las llevaba de calle, cosa que no le impedía hacer de chapero en Las termas cuando tenía problemas de liquidez.

Aprendí mucho de él, no todo bueno. De alguna manera marcó mi vida y quizá por eso estoy hoy paseando por la zona portuaria de Marsella.

En el Vieux-Port, la primera imagen que me viene a la cabeza es la cara de pillo de Jean-Paul Belmondo tocado con una gorra y fumando con ademanes arrabaleros un cigarrillo tras otro. Una película de Godard.

Al inicio de Al final de la escapada ( À bout de soufflé ), Michel Poiccard roba un coche estacionado en el puerto de Marsella  y  huye de la ciudad.

Yo he llegado a pleno sol del mediodía en un coche que no he robado y que por su estado nadie se va a molestar en robar.

Contaba Godard que todo lo que necesitas para una película es una pistola y una chica.

No tengo ninguna pistola en la guantera pero he conducido toda la mañana acompañado de mi chica y me siento protagonista de mi película.

ME AND MYSELF

Cámara y bombin (c) Carles Mercader

Con la cámara de Xila (c) Carles Mercader

Selfportrait

Dies de sonar

Sonar

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El latido de los rostros de Alberto García-Alix

Moriremos mirando

La Fábrica Editorial ha publicado Moriremos Mirando de Alberto García-Alix donde se recoge casi la totalidad de la obra escrita por el fotógrafo entre 1987 y 2008. Pequeños textos que van desde su primera colaboración en la revista Sur Exprés hasta el guión definitivo del vídeo De donde no se vuelve, presentado en su exposición antológica en el Museo Reina Sofía de Madrid.

Distintos  textos de distintos  géneros y varia  intención. Guiones, ensayos, cuentos, reflexiones y artículos sobre las grandes pasiones que le han acompañado – la fotografía, los amigos, las motos, los tatuajes o la música.

Tras la lectura del libro, queda claro que García-Alix no es un escritor, pero sí un narrador de raza y que suple con maestría sus carencias. Un botón de muestra el relato Línea de sombra.

Quiero aquí aportar un exquisito texto publicado en El País tras la muerte de Richard Avedon y que no está recogido en el libro. Se trata de una luminosa necrológica titulada El latido de los rostros donde de forma sucinta declara su admiración por el maestro.

EL LATIDO DE LOS ROSTROS


Richard Avedon, al eludir y aislar de cualquier referencia a los hombres y mujeres que retrató-a través de la desnudez de sus impolutos fondos blancos-voluntariamente se obligó a centrarse en el latido de sus rostros. De ahí que sus retratos, tan frontales y pétreos, parecen cincelados a buril, y tal es su fuerza que no sólo conmueven, sino que nos arrastran a un acto de comprensión, por si fuera poco. Sus fotografías entablan con nosotros un diálogo. Diálogo exento de palabras. Diálogo que nace de las miradas enfrentadas del retratado y la de su espectador.

En general, sus imágenes viven bajo una luz tamizada y casi sin sombras, donde la arquitectura del cuerpo y su puesta en el espacio son piezas claves para resaltar la virtud de lo que quiere mostrarnos. Para mí, los retratos de Richard Avedon son lo más desvelador y sincero que ha dado la fotografía en los últimos 40 años. Ha sido un gran maestro.

(c)Alberto García-Alix

Rimbaud y el color de las vocales

rimbaud copia

A noir, E blanc poema

A noir, E blanc poema

El Barco de la muerte de B. TRaven

EL BARCO DE LA MUERTE

B. TRAVEN

El barco de la muerte

El barco de la muerte

El protagonista de esta novela de aventuras, es un grumete norteamericano, orgulloso de pertenecer a la tripulación del Tuscaloosa, un carguero de primera que a partido de Nueva Orleáns en dirección a Amberes.

En esta ciudad, después de una noche de alcohol y mujeres, llega al puerto cuando su barco ya ha zarpado, por lo que queda abandonado a su suerte, sin dinero y sin lo más importante, la  documentación que pueda acreditar su nacionalidad.

Gerald Gales topará con la burocracia altanera y corrupta de los consulados y las guardias fronterizas. Deportado como indocumentado, será expulsado de un país a otro, de un puerto a otro puerto, obligado a cambiar su nombre y su nacionalidad de la manera más conveniente para sobrevivir.

Finalmente, conseguirá enrolarse en “un barco de muerte”, el Yorikke, una embarcación decrépita destinada al contrabando, tripulada por hombres sin nombre como él ,marineros apátridas totalmente esclavizados que trabajan de forma inhumana y a los que acostumbra a sorprender la muerte en las calderas sin que a nadie le importe.

Cuando Gales, llamado ahora Pippip, y su amigo el polaco Stanislav, otro marinero sin papeles, descansan  en un puerto, meditando la idea de cómo conseguir una documentación que les permita inscribirse en un barco ceñido a la legalidad, son agredidos y obligados a incorporarse a otro “barco de la muerte”: el Empress of Madagascar, una embarcación cuyo capitán trata de hundir para cobrar el seguro.

De final más o menos abierto, la novela concluye con la deriva de éstos dos náufragos amigos, acosados por el delirio de la muerte como si de un sueño expresionista se tratase.

La muerte de Stanislav pone fin a El barco de la muerte y el lector debe entender que el protagonista logra salvar su vida aunque ésta aventura no se nos relate.

Esta suposición viene dada por la técnica narrativa utilizada por el autor que ha elegido una narrador en primera persona y en voz pasada. Pero si continuamos con la metáfora del “muerto en vida” que B.Traven proyecta sobre el hombre sin papeles, no es descabellado apuntar que el mismo narrador es un muerto que nos cuenta su vida.

Porqué un “barco de la muerte” sólo da cobijo a muertos, es decir a hombres sin documentación,  hombres sin nombre ni nación que ante el poder de los modernos Estados no tienen derecho a la vida. En el nuevo orden mundial desatado después de la Gran Guerra, un hombre sin papeles es un maldito, condenado a la esclavitud y por ende, a la muerte.

El barco de la muerte es una gran novela de aventuras marítimas. Si tomamos como referente el relato clásico por antonomasia, Moby Dick, la novela de B. Traven es una reelaboración del terror al mal que encarnaba la gran ballena blanca, simbolizado  ahora por el propio barco.

En el barco de la muerte, el protagonista es un maldito más entre los malditos de la tripulación explotados por armadores sin escrúpulos.

No en vano, el nombre de la embarcación es Yorikke, una especie de derivación del nombre de la calavera de Hamlet.

En la página 129, ante el deplorable estado del barco, éste se nos describe como : “monstruo de los mares”. El peligro para los marineros es el propio barco y las condiciones de vida y trabajo a las que están sujetos.

La tripulación siempre se nos describe como un puñado de condenados:

“Estaban muertos, no tenían patria, no tenían certificados de nacimiento que demostraran que habían nacido de una madre perteneciente a la raza humana. Eran hombres sin pasaportes que les invistieran como ciudadanos del mundo.(pp.218-219).

Todos esperan su oportunidad de “volver a la vida” y abandonar el barco, porqué :”aunque todos estemos muertos debemos hacer todo lo posible para salvar el corazón”(p.214), “créeme hermano, es mentira que los muertos no tengan sentimientos”(p.231).

Es curioso que la primera edición española del libro, publicado en el año 1931 por la editorial Zeus y traducido por José de Unamuno, titulase la novela como El barco de los muertos. Historia de un marinero americano.

El subtítulo es claramente espurio, pero el título escogido quizás era más fiel al alma de la novela que el actual.

Con todo lo apuntado hasta ahora, queda claro que El barco de la muerte es una novela de aventuras que se deja leer como tal. Pero no se puede obviar que también es una novela con un gran carga política y de denuncia en la tradición de obras como Guillotina seca de René Belbenoit  o El canto de la tripulación y La bandera de Pierre Mc Orlan.

La novela de B. Traven es una denuncia al alzamiento de infranqueables fronteras entre estados y a la nueva esclavitud del siglo xx que se nutre de las oleadas de inmigrantes sin papeles.

“Todas las naciones tienen sus barcos de la muerte. Nunca ha habido tantos como a partir de la guerra por la libertad y la democracia, que nos ha proporcionado los pasaportes y la restricción de la inmigración, que además ha creado cien mil o más seres sin nacionalidad y sin documentos. Un buen sistema capitalista no puede permitirse pérdidas. Este sistema no puede consentir que miles seres sin papeles vagabundeen por el mundo”(p.255).

El tono amargo de la acusación que sostiene la tesis de la novela, no impide otros registros narrativos.

El humor y la ironía están siempre presentes, ya que el protagonista no deja de ser un pícaro que ama la vida por encima de todos los pesares.

Gerald Gales tiene una curiosa forma de transfigurar la realidad cuando nos relata una de sus múltiples deportaciones :

“Dos soldados me acompañaron hasta la frontera a punta de bayoneta. Y con todos los honores militares, me dirigí a la soleada España”(p.112), e igualmente ironiza sobre la solidaridad que reinaba entre la tripulación ante la falta de comida:” Nadie me robó jamás la lata de leche mientras yo estaba de guardia.

Nadie robaba en el Yorikke. Pero mis compañeros vaciaron hasta la última gota del contenido de la lata”.(p.193)

El idealismo y la mirada romántica sobre la vida del marino sirven para erigir una clara conciencia de clase: “ el barco siempre está de parte de la tripulación, nunca de parte del capitán”, “los reyes pueden faltar a sus palabra, pero los marineros no” o “cuando a un trabajador no se le respeta, la culpa no es de nadie, sino de sí mismo”.

Estas digresiones de marcado tono político son constantes y en la segunda parte llegan a detener y en algunos casos a entorpecer el ritmo de la narración.

La primera y tercera parte de la novela son mucho más fluidas en lo que a la lectura se refiere.

De la primera parte, cabría destacar la falsa visión que el autor vierte sobre España que define como “tierra de la libertad y la felicidad”.

Se supone que por desconocimiento, no puede sustraerse al mito romántico de origen anglosajón que ve en el sur el paradigma de la existencia del paraíso, donde el buen salvaje no está sujeto a las leyes de la civilización.

“Los españoles no habían luchado por la libertad y por esta razón la conservaban”(p.114).

La actualidad y pertinencia de esta novela de aventuras estriba en que la denuncia que B. Traven dirige a unos estados que en aras de la  seguridad y la democracia no dudan en restringir la libertad de sus ciudadanos, continua vigente al día de hoy.

“¿En dónde está la verdadera patria del hombre? –pregunta Gerard Gales, el tripulante de El barco de la muerte. Aquella en la que nadie pueda molestarme, en donde nadie quiera saber quién soy, de dónde vengo, a dónde deseo ir, qué opino sobre la guerra, sobre los prelados, sobre los comunistas; en donde yo pueda ser libre de hacer y de creer en lo que me dé la gana, en tanto no amenace la vida, la salud o la propiedad honestamente adquirida por otros. Ésa sería la única patria en la que valdría la pena vivir y en la que sería dulce morir.”