Euráfrica,

EURÁFRICA, VIAJE POR SUS CIUDADES.

Este ensayo fotográfico pretende evidenciar la continuidad geográfica, cultural e histórica de cuatro ciudades separadas por el bisturí fronterizo de distintos estados-nación: Tánger, Lisboa, Marsella y Barcelona.

A su vez, pretende cuestionar dos mitos fundacionales íntimamente ligados: por un lado la identidad de Europa, y por otro el mito del Mediterráneo como marca fronteriza pero inevitable punto de encuentro cultural.

Antoine d'Agata

Antoine d' Agata

13 coins

13 coins

nit de Tanger

nit de Tanger

Colom

Colom

saudade

Saudade

Desierto gris

Desierto gris

Durmiente

Durmiente

El hombre araña en Lisboa

El hombre araña en Lisboa

Espalda

Espalda

Golondrinas

Golondrinas

Jesús Ferrero

Jesús Ferrero

Keops Total

Keops Total

zapatos chinos en Tánger

zapatos chinos en Tánger

La noche de Colón

La noche de Colón

El concepto de Euráfrica ha conocido poca fortuna frente al asumido topónimo de Eurásia. Éste último hace referencia a la tierra intermedia dónde delimitan dos continentes: Europa y Asia. En este caso, el debate político e ideológico continúa abierto; nadie duda que Turquía sea tan europea como asiática, sólo se le pide que tome partido.

Por el contrario, el término “euroafricano” es la culpa negra que nadie quiere. Su carácter estigmatizador se refiere a los ciudadanos europeos de segunda generación.

Se les recuerda así sus orígenes africanos y el color de su piel, como para dejarles claro que son europeos gracias a la bondad de nuestros Estados.

Un insulto corriente para poner en relieve el retraso de España ha sido afirmar que África empieza en los Pirineos.

Todos los insultos, sobre todo los más dolorosos, contienen su dosis de verdad. Podría resumirse la historia de España, y sobre todo su historia contemporánea, como la lucha por refutar el adagio y convertirse en parte integrante de Europa. España, o mejor dicho, la Península Ibérica y su otro estado Portugal, siempre ha pertenecido a Europa.

Sí, siempre han pertenecido a Europa, sin embargo nunca han dejado de conformar un territorio común que aquí queremos denominar con el nombre de Euráfrica.

Por otro lado, el mito del Mediterráneo. Cuando hablamos de cultura mediterránea, ponemos en relación dos identidades encontradas: el sur de Europa y el norte de África. Demostramos el histórico e innegable intercambio cultural entre las dos orillas, la moderna multiculturalidad que tanto nos agrada. El Mediterráneo, crisol de culturas; el Mediterráneo, camino de encuentro; el Mediterráneo, puente entre hermanos…

Qué poco nos ofende la verdad de la cultura mediterránea. Somos europeos claro, pero también mediterráneos. De aquí nuestra singularidad frente al norte de Europa.

Una verdad que alimenta la histórica mentira del Mediterráneo.

Medi-terraneo, mar entre tierras. Sólo a partir del siglo XV se le denomina así, cuando se quiere olvidar el tradicional y compartido mar romano, el Mare Nostrum y delimitar una clara frontera entre continentes. Un mar de nadie, un espacio vacío que separa y facilita las cosas. Una clara y contundente frontera que distancia África y Europa.

Igualmente, este viaje fotográfico quiere dar cuenta del predominante carácter urbano de este contexto euroafricano.

No es casualidad que las ciudades elegidas sean ciudades portuarias, abiertas por definición al intercambio con el exterior.

No es la primera vez que de alguna forma u otra se ponen en común ciudades portuarias del Mediterráneo.

La inclusión de Lisboa, nos sirve para distanciarnos del mito de la mediterraneidad y afianzar la búsqueda de los territorios de Euráfrica.

El punto de unión de ciudades como Tánger, Lisboa, Marsella y Barcelona es su inconfundible perfil singular.

Las cuatro comparten un paisaje mental que viene definido por su voluntad cosmopolita y a la vez un fuerte carácter provinciano.

También son ciudades de un intenso sabor euroafricano marcado por su cercanía geográfica.

Desde la terraza del café Hafa en Tánger, cuando se toma un té contemplando la costa peninsular, es difícil imaginarse el mar Mediterráneo como frontera de nada.

Comparten también el rasgo más curioso, Euráfrica quiere ser definitivamente Europa. Todas estas ciudades miran hacia otras ciudades europeas que quieren como referencia.

Tánger siempre se ha soñado como puerta de Europa, a su vez Marsella blande el emblema de puerta de África pero en sus tensiones siempre tiene en el ojo de mira a París. Barcelona que se quiere la capital del diseño y de la modernidad parece querer reflejarse en Berlín y Lisboa en su perpetua huida de España se define como puerta europea al Atlántico y gusta más de las ordenadas maneras londinenses.

Este ensayo fotográfico quiere buscar el espacio común de  las ciudades euroafricanas pero también quiere indagar en sus mitos particulares.

Y para ello toma de guía tutelar sus hitos y referentes culturales.

El acercamiento a Lisboa se realiza bajo la advocación de los poemas de Al Berto y el resplandor oscuro de las fotografías de Paulo Nozolino; la mirada sobre Marsella es acompañada por la novela Total Khéops de Jean-Claude Izzo y el descenso fotográfico de Antoine d’Agata; el recorrido por Barcelona señalado por la cartografía de Jesús Ferrero  en su Lady Pepa y la agitación del deseo fotografiado por Joan Colom;y el sueño de Tánger resigue  las trazos de los libros ebrios de Mohamed Chukri y los relatos enloquecidos de Mohamed M’rabet.